CAPÍTULO I-5

1592 Worte

Una lámpara de cobre de cuarenta velas iluminaba la sala, cuyas paredes desaparecían bajo viejas porcelanas colgadas; y esta luz cruda, que caía a plomo, hacía más blanco todavía, entre los entremeses y la fruta, un gigantesco rodaballo que ocupaba el centro del mantel rodeado de platos llenos de sopa. Con un frufrú de telas, recogiendo sus faldas, sus mangas y sus echarpes, las mujeres se sentaron unas al lado de otras; los hombres, de pie, se situaron en las esquinas. A Pellerin y al señor Oudry los colocaron cerca de Rosanette; Arnoux estaba enfrente; Palazot y su amiga acababan de marchar. —¡Buen viaje! —dijo ella—. ¡Ataquemos! Las señoras se escandalizaron, y principalmente la Poissarde, madre de una hija de la que quería hacer una mujer honrada. A Arnoux tampoco le gustaba aquello,

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