DIEGO "¡Espera! ¡Por favor, perdóname!" El viejo lobo se arrastraba lentamente en el charco de su propia sangre, suplicándome que le perdonara la vida. Seguí caminando hacia él con mis nudilleras de plata ensangrentadas, desesperado por estrellar su rostro una y otra vez hasta dejarlo sin aliento. "Te lo ruego, Diego. ¡Por favor, perdóname!" lloró, tratando de meterse debajo de su coche para esconderse de mí. Antes de que siquiera pudiera meter su gordo trasero bajo el vehículo, pisé su pierna rota, haciéndolo gritar de agonía entre sollozos. "¡MALDITA SEA! ¡MIERDA!" "Esta es tu última oportunidad, Pedro." Lo agarré por la nuca y lo estampé contra su coche para observar bien su rostro hinchado. Se podían ver claramente las marcas de mis nudilleras impresas en su piel. "Dime dónde esc

