​CANTO XXVII

880 Worte

​CANTO XXVII A tiempo que su rayo primo vibra, donde Jesús vertió su sangre pura, cayendo el Ebro bajo el alta Libra, y el Ganges hacer arder desde su altura, estaba el sol; y al extinguirse el día, se apareció de un ángel la figura. Alejado del fuego se tenía, el Beati mundo corde repitiendo, con sobrehumana voz en armonía. Y luego: «Animas santas, id subiendo mordidos por la llama fulgorosa, y los cantos de allá siempre siguiendo.» Así dijo, y con alma temerosa me sentí como el hombre condenado a ser vivo enterrado en una fosa. Alcé las manos, y pensé angustiado, mirando el fuego, en la terrible suerte de tanto cuerpo humano allá quemado. A mis guías volví mi rostro inerte, y Virgilio me dijo: «Hijo querido, tormento puede ser, pero no muerte. »Acuérdate que bien te

Kostenloses Lesen für neue Anwender
Scannen, um App herunterzuladen
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Schriftsteller
  • chap_listInhaltsverzeichnis
  • likeHINZUFÜGEN