CANTO VII Después de la acogida placentera, que renovaron ambos con dulzura, Sordello al guía preguntó quién era. «Antes de que viniesen a esta altura las almas que la gracia ha señalado, Octavio dió a mis huesos sepultura. »Virgilio soy: no por mayor pecado, de fe sólo por falta, perdí el cielo.» Así repuso el maestro interrogado. Cual quien mira de pronto con anhelo, maravillado, lo que está esperando, y exclama: ¿Es o no es? en su desvelo, tal Sordello, los párpados bajando humildemente, de respeto en signo, de Virgilio las plantas abrazando, así exclamó: «¡Oh, gloria del Latino, que el poder de su lengua ha revelado! ¡De donde yo nací, renombre digno! »¿Por qué gracia especial me eres mostrado? Si digno soy de oírte humildemente, ¿di si vienes del mundo condenado?

