CAPÍTULO TREINTA Y TRES Andrónico montó su caballo lleno de ira, guiando a su enorme ejército a lo largo del borde del Cañón, con dirección al norte, marchando por el Cruce Oriental del Anillo. Mientras marchaba, más y más tropas del Imperio iban detrás de él, llegando en masa desde sus flotas de barcos, desembarcando en las costas. Andrónico había sido profundamente avergonzado por ese prisionero de McCloud que lo había engañado, que le había hecho creer que conocía la manera de pasar el Cañón. Habían pasado muchos años desde que Andrónico había sido engañado por alguien, y se dio cuenta de que su entusiasmo exagerado le había permitido ser débil, dejarse engañar. Su cuerpo todavía se sacudía con ira a la menor provocación, aunque ya había matado al hombre. Él deseaba poder encontrar una

