La cena se alargó bastante, sentandonos todos después enfrente de la chimenea que estaba encendida pues hacía algo de frío. Lucas empezó a dar signos de tener sueño cogiendolo su padre para llevarlo al dormitorio, pero el peque empezó a llorar y patalear en los brazos de su padre, siendo yo la que finalmente se levantó del sillón, lo cogió en brazos llevándolo así a su dormitorio. Al llegar, lo deje de pie encima de su cama para cambiarle la ropa y poder ponerle el pijama. Mario entró segundos después mirando como yo le daba cariños a su hijo mientras le iba cambiando, poniendo Mario su brazo entre mis hombros. Gire mi cabeza acercando mis labios a los suyos dándole un pequeño y sensual beso, mirandome él algo sorprendido. —- ¿Dejamos algo para cuando por fin estemos solos? — preguntó Mar

