Salimos de la salita y con muchos besos y abrazos me despedí de todos mis compañeros acompañándonos Matías hasta la calle. Cuando salimos vi a David enfrente de la clínica con una sonrisa mirándome, Graciela le sonrió porque no lo conocía. —Mira Kate, se parece mucho a Cristofer pero ese tío es guapísimo.—dijo Graciela. —Qué coño querrá.—dijo Matías. —Qué narices vienes a buscar, meterme en más problemas, ¿es eso lo qué quieres?.—pregunté. Me cogió con un brazo de la cintura apoyándome en su coche apretó sus labios con los míos, cogió mi pierna levantándola hasta su cadera haciéndome notar su erección. —Dejame en paz cabrón, suéltame, David.—grité. —Suéltala—escuche y lo siguiente que vi fue un puño golpeando la cara de David cayendo este al suelo. —Grant no lo hagas suéltal

