—No hay nada por qué estar celosa. Sinceramente espero que tú y Darius se hagan felices, pero ambos sabemos que eso no va a suceder. Sophie abre la boca indignada, pero mi madre la calla. Ella vuelve a quedarse en silencio, mirándome con odio en sus ojos, un odio que yo le devolvía. Mi padre suelta un gran gemido. —Por el amor de Dios —estalla, golpeando la mesa de café con el puño y casi haciéndola pedazos—. Lo que estoy diciendo es que ya es hora de que consideres casarte tú también, Amber. No sé cuánto más podré soportar tener a una indeseable en mi hogar. Lo menos que puedes hacer es casarte bien y ayudar a elevar un poco nuestro estatus. No me interesa nuestro estatus, mucho menos casarme por el bien de una familia que no soporto. Me levanto y suelto sin pensar: —debes estar bromea

