Santiago estaba recogiendo el desorden de legos que había dejado Domenic, mientras veía preocupado la cantidad de ropa sucia de su hermana. Ella había crecido en una casa con poca estructura, con mucha independencia y valores. Para mí era tan simple como estar a cargo de uno mismo, mientras que para mi esposo, quien tiene rutinas más establecidas, más cuadradas, convivir con sus hermanos le estaba enloqueciendo. Yo llamo a los dos mayores por teléfono y les pido que le digan a Domenic que baje, y le gritan. Entonces me toma un nervio en el sillón, porque si los llamé es para no gritar. —Santiago y yo tenemos un date, y necesitamos ver esta casa ordenada cuando regresemos porque su hermano niño deja de limpiar, y estoy preocupándome. —Mi mamá viene a la casa en una semana y se va a dar c

