CAPITULO 46

1810 Palabras

Temprano habían llegado hasta la habitación de Bevery a dejarle la correspondencia de ese día. Como siempre, abundaban las cartas de los ciudadanos del pueblo, agradeciéndole por sus buenos servicios o suplicándole ayuda con sus grandes problemas. Bevery se pasaba horas frente a la ventana leyendo cada una de las cartas, y a veces, se tomaba el tiempo de contestarlas, para brindarle a esas familias la contención que necesitaban en esos momentos tan difíciles que estaban intentando superar. Luego ella llevaría la carta hasta la oficina de Dietrich y juntos pensarían una buena forma de resolverlo. En eso se había basado sus últimas dos semanas, el casamiento estaba a la vuelta de la esquina, y todos esos asuntos habían ayudado a que los nervios se mantuvieran alejada de su cuerpo.

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