— ¡BRAVO! — Todo el auditorio se paró cuando Michael Livingstone termino su exposición; sus padres desde lejos miraban orgullosos a su hijo. Camila dijo a George con evidente emoción :
— Que orgullosa estoy de mi Miky — Dijo mientras se limpiaba las lágrimas — Se desenvolvió de manera maravillosa ¿Verdad George?
— Si cariño — Contestó George — A pesar de que evidentemente le pusieron las cosas difíciles a propósito; voy a averiguar esto.
— No lo hagan — Les refuto con voz grave y profunda, era la silueta de Michael que se aproximaba hacia ellos — Déjenme esto a mi.
— ¿Pero por qué no hijo? Eres mi hijo y lo que te hicieron es una injusticia.
— No, claro que no — Dijo agitando su mano — Papá; entiendo tu intención. Pero si lo haces no estaré orgulloso y se verá como si dependo de la fortuna de mi familia para salir adelante y no por mis propios méritos.
— Está bien — Dijo resignado George — Eres igual a tu abuela y tu madre. Estoy jodido.
— Jajaja — Se rieron Camila y Michael.
Michael se dirige a los sanitarios y empieza a hablar consigo mismo:
"Está situación se salio de control, estos malditos profesores me la tienen jurada. Creo que ya es hora que les de una lección. Pero no quiero exponerme. Como me gustaría tener el poder de comandar esos demonios. Wow; de verdad sería grandioso. Ashhh ¿Que debo hacer?."
— ¿Te gustaría poder comandar esos demonios? — Susurró una voz profunda.
— ¿A quién no le gustaría? Espera — Dice mientras busca el origen de la voz — ¿ Quien esta ahí?
— Ve hacia el espejo — Le responde la voy misteriosa voz.
Al enfocar su vista hacia el espejo; ve que este se volvió gris cromo como si lo hubieran pintado excepto donde debería estar su reflejo. En vez de su reflejo esta una figura alta con un traje n***o y unos rojos color fuego intenso que lo miraban con una sonrisa de medio lado. Aunque esa imagen a otra los asustaría al borde de la locura; por alguna extraña razón, el sentía una sensación de tranquilidad.
— ¿Quien eres tu? — Preguntó con calma.
— Soy tu — Respondió con serenidad — Lo que puedes llegar a ser si quisieras.
— Explicate.
— Mi nombre es Astherot. Soy el ángel de la destrucción. Me gustó mucho tu exposición sobre los demonios. Aunque déjame decirte que todos ellos, por muy alto que sea su rango, delante de mí, son sólo unos plebeyos.
— ¿Quieres decir que tu eres mas poderoso? — Preguntó sorprendido
— No solo eso; todos ellos tienen que cumplir mis órdenes. Si no lo hacen; simplemente los aniquilo.
— ¿Y que quieres de mi? — Preguntó fríamente Michael — ¿Quieres que te venda mi alma? ¿Te ofrezca sacrificios?
— Si Que eres estúpido — Dijo de manera burlona Astherot — ¿Sabes por qué no sale tu reflejo en el espejo muchacho?
— Me he estado haciendo esa pregunta desde hace rato. Me imagino que tu ya sabes la respuesta, ¿Cierto?
— Así es.
— Dimela — Solicitó con vehemencia Michael.
— Es porque tu eres yo y yo soy tu. Es decir, si tu quisieras puedes tener mi poder. Comandar legiones de demonios. Yo renaci en ti. Tendrás el poder absoluto. Pero no Ahora.
— ¿Por qué no? — Pregunta confundido.
— Aun no estas listo.
— Maldición — Dice frustrado Michael
— Espera. No he dicho que no te ayudaría. Cambiemos. Verás como arreglo esto. Pero no será agradable. Así que si quieres que me encargue no te metas. ¿Entendido?
— Si. Esta bien. ¿Pero como sabré?
— Verás todo desde adentro. Ahora cambiemos. Verás de lo que seremos capaces. Y sólo será la punta del iceberg.
— De acuerdo. Cambiemos.
Al cambiar; su boca reflejo una sonrisa siniestra y su cara se puso sombría y relajada.
— !Lubiel, ven acá! — Dijo de forma gélida.
Pronto apareció Lubiel. Su cara serena y fría, cambio y expresaba alegría.
— ¡Jefe! Hasta que apareció — Exclamó emocionado el mano derecha de Astherot — Ya estaba inquieto.
— Es por poco tiempo. Mi receptor aún no está preparado; pero ya sabe de mi existencia. Vamos a encargarnos de unos asuntos por el. Es hora de divertirnos un poco.
— Perfecto. Estaba un poco aburrido. Es hora de matar el tiempo.
— Materializate primero — Ordenó — En alguien de esta edad sería un poco mas prudente.
— Entendido.
Se materializa en un joven blanco; de cabello n***o, largo hasta el hombro. Sus músculos resaltaban sobre su uniforme y sus ojos grises parecían sacados de una película.
— No cambias Lubiel — Dijo Astherot negando con la cabeza — Te recuerdo que no vinimos a flirtear. Bueno; aunque pensándolo bien, si haces un buen trabajo tomaremos unas jóvenes como ganancia.
— Así será señor — Exclamó con emoción.
Lubiel es un demonio que, aunque es amante del Caos y el terror, su lujuria se desencadena y toma a mujeres para seducirlas y tener sexo fuerte con ellas.
Después de un rato llegan donde su primer objetivo el profesor de teología Ethan Mathews. Estaba en un escritorio sentado con la camisa desabotonada Hasta el pecho. De repente, Astherot entra de forma tranquila, con las manos en su espalda y dice:
— Hola Profesor Mathews — Dice de forma serena.
— ¿Qué es lo que quiere señor Livingstone? Déjeme en paz.
— ¿Y si no quiero?
— Verá lo que pasará. Así que ¡LARGO!
— Lubiel déjalo inconsciente — Ordena con tono frío.
— ¡A la orden!
Le da un golpe en la nuca y este cae desmayado.
— Llévalo a la cueva y atalo allá. Llévate dos sillas. Falta otro Busca mi aura.
— Si señor.
Desaparece con el hombre en una bruma negra mientras Astherot se dirige al salon múltiple donde estaba el profesor Mills. Antes de entrar escucha a Mills decir:
— Maldito Michael Livingstone. Pudo salir airoso de las exposiciones que Ethan y yo planeamos. Ya verás Michael Livingstone; haré de tu vida miserable. Solo espera y veras.
— Me gustaría saber como una escoria como tu logrará hacer eso — Resoplo Astherot entrando fríamente, lanzando una mirada siniestra a Mills que hizo que este quedara en shock.
— Livingstone; largo de aquí.
— Cállate y respondeme. ¿Cómo harás muy vida miserable?
— Eso no es de tu incumbencia — Resoplo fríamente mostrando la rabia creciente en su interior.
— Si me incumbe. Estas hablando de mi. No me asustas. Después de hoy sentirás el peor de los infiernos y desearás morir.
— ¿Me estas amenazando?
— No. Te estoy diciendo parte de tu itinerario de muerte. Duerme.
Agita su mano haciendo que caiga desmayado. Justo en ese momento aparece Lubiel y se los lleva a la cueva. Ya en ella despierta a los dos hombres. Al despertar Mathews dice:
— ¡Michael Livingstone! Más vale que nos sueltes y expliques que hacemos aquí.