Quite la vista de sus ojos, la imagen de mi ropa interior se me vino a la cabeza. Otra vez la vergüenza se apoderaba de mí, si corría a dentro no se daría cuenta. ¿O sí?
—Muchas gracias, no sabía que trabajabas aquí. —Me hablo con tanta confianza que me sorprendió. —Lamento lo del otro día, mis amigos son unos idiotas.
¡Dios! ¿Ahora donde metía la cara?
Comencé a sentirme incomoda, sonreía por los nervios y negué sin saber por qué.
—Hola de nuevo. —Merci se tomó de mi brazo con una mano y con la otra saludaba a mi chico Wilson.
Necesitaba un nombre para no llamarlo de esa manera, él no era mío. No era más un chico, era un hombre muy atractivo, pero por supuesto que él tenía un nombre, debería llamarlo por él.
Pero agradecía a Merci ya que sin saberlo me salvo. — Soy Merci, te ayude hace unos días.
—Si te recuerdo, la de los pure.
—Así es, no sabía que se conocían. —Me miro en el momento en que daba un paso hacia atrás, no pude escapar como deseaba.
Retiro el agradecimiento.
— Oh, no, no nos conocemos. Me pidió ayuda con la mayonesa nada más. —Claro que lo conocía, lo conozco desde que tengo once años, él es el amor de mi vida mi amor prohibido, mi fantasía, mi sueño que nunca se hará realidad.
— Soy Jarek. — Quería decir en voz alta, lo se pues eres mi chico Wilson.
—Yo soy Merci y ella es Dalia.
—Dalia. —Mi nombre en sus labios sonaba exótico, a un delicioso manjar, a la fruta prohibida.
Estaba mirando sus labios imaginando que los tocaba con la punta de mis dedos.
—Enserio, yo creí que se llamaba Lila. —Volví de mi ensoñamiento dándome cuenta de que me perdí algo. —En verdad que creí que ese era su nombre.
—Estoy tan acostumbrado a llamarla solo Lila que pocos conocen su nombre completo.
—Disculpe joven podría bajarme la piñata de minni. —Una clienta toco el hombro de Merci apunto a una de las piñatas que se encontraban colgadas en el techo de la tienda.
—Yo lo hare. —Me ofrecí para huir.
Entre a la bodega, tomé las gradas y una vara con las que bajamos las piñatas y volví al sitio, aún se encontraba Jarek junto a Merci charlando. ¡Celos! Eso es lo que sentía de verlos sonreír enfrascados en su plática.
—Esta alta, si gustas puedo ayudarte. —Jarek tomo de mi mano al ver que estaba por subir las gradas quise negarme, pero el tomo la vara y subió.
Entrego la piñata a la señora con una sonrisa que enamoraba a todas las presentes.
—Gracias. —Hable y tome la vara huyendo del lugar.
Lo tuve frente a mí como tanto soñé, escuche mi nombre salir de sus labios, tomo mi mano y Dios el no entendía que ahora se me aria más difícil sacarlo de mi cabeza.
—¿Estas bien Dalia? —Pregunto la Señora Amparo entregándome el carrito de frutas.
—Si estoy bien. —Tome el carrito y salí, mire hacia donde los dejé, pero el ya no estaba Merci se encontraba terminando el trabajo que deje a medias, no era de sorprenderse nos sucedía a todas.
Lo vi en el área de harinas quedaba frente a las manzanas donde me dirigía, sostenía una en cada mano y la frustración en su cara se notaba a leguas.
Lo vi unos minutos y el seguía en el mismo lugar mirando todas las harinas sin estar seguro de cual elegir.
Como trabajadora de la tienda me acerque a él, tome la que la señora Amparo siempre compraba y se la entregue. —Su sabor es muy rico y es fácil de amasar, además que quedan suavecita.
—Gracias, en verdad muchas gracias. —Logre ver como sus mejillas se teñían de rojo, eso es lo que hace la vergüenza, así me siento cuando me hacen preguntas sobre los productos y no tengo idea. — Mi esposa solía hacer las compras, me siento tan inútil. —Logré ver como sus ojos se entristecían y me sentí mal por él, en verdad la ama.
No sabía que decirle, no quería preguntar por ella, estaba por disculparme cuando la voz de una niña llamo nuestra atención.
—Tío Jarek. —Se lanzo a sus brazos y el no dudo en tomarla.
—Sofía. —La abrazo y le dejo un beso en la frente.
—¿Quién es ella? ¿es muy bonita? —Ahora mis mejillas se teñían por el comentario de la pequeña.
—Ella es Dalia, trabaja aquí y me ayuda con las compras.
—Entiendo, mamá dice que los hombres son un desastre para las compras. —Quise reír al ver como aquella pequeña acariciaba el rostro del chico Wilson. Digo de Jarek. demostrándole que comprendía dichas palabras.
—No todos. — un hombre empujaba un carrito y se acercaba a nosotros.
—Un gusto Sofia. —Me dirigí a la pequeña. —Cualquier cosa aquí estamos para ayudar.
Aquellas palabras salieron tan practicadas, parecía un mensaje pregrabado.
Sali casi corriendo a continuar con mi trabajo, las horas pasaron y no dejaba de sonreír ni pensar en el chico Wilson.
Una pequeña esperanza creció en mí, había una pequeña posibilidad de que el chico Wilson abriera su corazón.
—No confundas amabilidad. —La señora Amparo era como mi madre, como una amiga, le hable sobre lo sucedido mientras preparábamos todo adentro. Ella siempre tenía un concejo para darme, me hacía ver las cosas más claras y así evitaba meter las patas. —No te hagas ilusiones cariño, no es bueno que sigas con esta obsesión. —Le había prometido que intentaría tener un novio para no pensar, ni perseguir ni hablar del chico Wilson. —Te veo mañana primero Dios y trata de no pensar más en él.
—¿Pensar en quién? —Merci entro y tomo su cartera.
—En mi padre. —Respondí, no es que no confiaba en ella. Esta historia solo la conocía la señora Amparo y no tenía el valor de confesar lo psicópata que me siento por estar obsesionada con el chico Wilson.
Merci no dijo nada y salió de la bodega junto a la señora Amparo, este momento es el que más odiaba ya que era la hora en las que las dos se marchaban. No me quedaba sola ya que se encontraban los demás compañeros, me llevaba bien con todos, pero no eran tan cercanos como ellas.