CAPÍTULO 12 No, no, no y no. No estoy cayendo. Nuestras respiraciones se mezclan y siento su aliento mentolado cada vez más cerca, nuestros labios están a puntos de rozarse pero lo separo situando mi mano en su pecho. —Vamos —digo en un susurro. Él me ve desconcertado por mi reacción y me alejo más. Camino en dirección al estacionamiento sin mirarlo. Cuando volteo Alen tiene la mandíbula apretada al igual que sus puños. Le quita el seguro al carro, estoy a punto abrir la puerta cuando él lo hace por mí. —Tengo manos —refuto. Su mirada se torna más oscura y me hace un gesto con la mano para que entre. Una vez dentro del carro se nota la tensión, no digo nada y volteo observando el paisaje por la ventanilla, la lluvia se hace cada vez más fuerte y el frío también. —¿Es por él? —pre

