CAPÍTULO 26 Mi madre aparca el auto justo al frente de la casa de Lillien, la cual se encuentra bastante quieta y silenciosa para ser la hora estipulada de la fiesta. Chequeo el reloj para verificar, y sí, es la hora. —Parece que no ha comenzado aún —susurro confundida. —Así parece o quizás solo tengan la música baja. Te llamaré mañana para verificar que estás bien. Recuerda tener el teléfono en mano. —Si mamá, estaré al pendiente —digo, intentando que mi voz no suene cansada. He estado escuchando todo el camino la mucha confianza que me está dando por romper un día de mi castigo. Y también, lo mucho que me castigará si no contesto el teléfono, lo cual suena ridículo, de ser así entonces pasaré toda la vida en cadena perpetua. Ella hace una mueca y suspira, —eso espero— dice entre

