— Después de todo no soy la única perra provocadora aquí —expone orgullosa Andrea—, ya somos una comunidad —nos señala a todas. —Te falta esto —Keira muestra una cinta bordada—, en el muslo. —Se te olvida que no llevo bragas. No levantaré el vestido —digo Keira cuadra los hombros. —Solo asegúrate de no subirlo demasiado —dice tranquila. Termino poniéndome la cinta. Emily me coloca el velo extragrande que cae sobre el suelo. —Se olvidan de los zapatos — expongo como si fuera obvio. —No lo necesitarás —concreta Keira. Me alcanzan un ramo de rosas rosas tan hermoso que debería ser ilegal. Finalmente salimos y me encuentro con Michel. Las chicas nos dejan solos. —Estas preciosa mi niña —deposita un beso en mi frente. —Gracias papá —lo abrazo. —Hoy no seré yo quién te entregue en

