Otra vez Dylan lo hizo. Me dejó ahí como si nada y se marchó. Todos estaban pendiente cuando salí del baño. Yo me despedí y me marche a mi casa. Cómo puede comportarse así, como logra confundirme tanto. Intento alejarlo, pero se acerca, respira, me habla y ya caigo nuevamente. Hoy no quiero hablar con nadie. Suerte y no veré a Bruno. Lo he llamado antes y le conté en dónde estaría. Él se lo tomó bien, por supuesto, así tendría más tiempo para su trabajo. Al entrar a casa, me llama Mily, nuestra ama de llaves. La verdad para mí es mi familia. —Mi niña te buscan en la cocina —informa. ¿Quién será? Al entrar a la cocina me encuentro con Brisa. No la fui a ver, con tantas cosas en mi cabeza. —Hola Brisa —la saludo—. Disculpa que no te haya visitado, es que estuve un poco ocupada.

