Tengo un nudo en la garganta y unas inmensas ganas de llorar. Maldigo la hora en la que conocí a Bruno, maldigo la hora en la que mis padres me separaron de Dylan. Me odio a mi misma por haber intentado tapar el sol con un dedo, por creerle a todos que mi vida era perfecta, por no correr a mi felicidad por miedo, por el estúpido pensamiento de no ser egoísta y pensar más en los demás que en mí. ¿Acaso alguien ha pensado en mí? Las lágrimas ya comienzan a salir a borbotones. No voy a contenerme. Tengo ganas de llorar, y hasta de matar al primero que se me cruce por delante, sino fuese por mi hijo ya me habría enfrentado a Bruno. No sé ni dónde estoy, han pasado muchísimas horas de viaje. El maldito Bruno se ha quedado dormido. Intento no mirarlo más, pues se me acabará ocurriendo un p

