KAY BECKER Ya han pasado más de dos horas, llamo a Patrick para que le toque su puerta. —Hermano por favor podrías llamar a Lukas, está en mi habitación con mi lindura.—le digo, el me ve y se sonríe. —¿La compartiste? —Me pregunta, pero la verdad estoy enojado, o más bien tengo mal genio; se debe a que escuché sus gemidos antes de dormirme. Lo veo mal,—No habíamos quedado—le reprochó. El me ve y entiende mi dolor, —lo ciento hermano, ¿cómo estás.? — dolido.—Contesto. — Pero me desquitaré ahora mismo.— le digo y Patrick me sonríe, toca la puerta y llama a Lukas, quien sale muy sonriente. Luego de explicarme cómo lleno a mi lindura con su semilla me da la pastilla, pero se la daré más tarde. Está dormida, desnuda, yo empiezo a besarla, ella despierta somnolienta, me corresponde.

