Tristán estaba tan alegre con su helado y disfrutando de los juegos en el parque, que mi pecho se llenaba de emoción cada vez que lo veía sonreír. Me había costado convencerlo para que dejara de temerle a Alexander. Después de tanto insistir y persuadirlo, le terminé diciendo que aquel hombre le compraría un helado nuevo como recompensa por el que derramó, pero no imaginé que Alexander lo hiciera de verdad. Ambos pidieron de vainilla y Alexander ayudó a Tristán a comerlo. Me conmovía presenciar aquello, pero no quería demostrarlo. Tristán se terminó quedando dormido en mis brazos, después de una larga tarde jugando, haciendo y deshaciendo con su padre, a la final terminó agradándole más de lo que llegué a imaginar, se lo ganó Alexander con el esfu

