Tras más de dos horas de carretera a las afueras de la ciudad, Alexander se estacionó afuera de un restaurante que tenía un bonito aspecto campestre, a pesar de que el cielo estaba oscuro, podía apreciar desde el auto, las áreas verdes que rodeaban la estructura de madera y cristales. Alexander no mentía al decir que estaríamos alejados de todo y de todos, este lugar era perfecto para escapar de la realidad que nos tenía el alma colgando en un hilo. Era un hermoso y cómodo lugar para pasar una noche en paz y tranquilidad en familia y como siempre, pensaba en mis padres. Tristán estuvo inquieto en todo el camino en su asiento especial en la parte de atrás y comenzó a celebrar en voz alta cuando se dio cuenta que ya habíamos llegado, por poco me uno a la celebración, pues est

