CAPÍTULO 5

1764 Palabras
CAPÍTULO 5 El agua salada quemaba mi garganta debido a la gran cantidad de agua que había consumido, por un momento perdi la orientación debido a la gran profundidad, las fuertes olas, la corriente golpeando mi cuerpo con mucha fuerza, segundos después recobré la orientación. Al recobrar el sentido recordé que la bella chica me había dicho momentos antes, que no sabía nada. mi reacción más lógica en ese momento fue el de buscarla, a pesar de los miles de litros de agua que nos separaba, mi visibilidad era nula al instante que intentaba encontrarla. No la podía perder, por un momento sentí una gran incertidumbre y temía lo peor, pero debía continuar como podía, tratando de conseguir a la chica pero no lograba ver, mis ojos ardían debido a la alta cantidad de sodio en el agua. Fue entonces cuando la veo tratando de mantenerse a flote impresionantemente lo había logrado fue un enorme alivio para mí saber qué se encontraba con bien como pude la tomé de la cintura mientras con mi otro brazo nos impulsaba hacia la orilla. Recordé las palabras de mi mejor amigo Isócrates diciéndome que para conquistarla, debía hacer algo inédito, algo que nadie más pudiera hacer por ella, y la verdad, en mi humilde opinión, diría que no todos los días alguien se convierte en tu héroe real y te salva de algún villano que quiere lastimarte. Rápidamente me acercaba a la orilla, pero mis brazos estaba exhaustos, realmente temí no poder lograrlo, que mi cuerpo me fallara estando tan cerca de lograr el objetivo, pero aún así, ¿sería su salvador? , siempre me han dicho que un soldado es un héroe aunque muera durante la batalla. Entonces yo sería justo eso, un héroe, un héroe muerto, pero héroe al final de la historia. Pero al menos las personas dirían que lo intenté, que irónico, tanto luchar por estar junto a esta hermosa mujer, y exactamente ahora que estoy tan cerca de lograr algo que puede cambiar definitivamente su manera de verme, me esté dando cuenta que no podré hacerlo, mi brazo totalmente acalambrado, me costaba una barbaridad mantener mis ojos abiertos por causa de la sal a la que habían estado expuestos por tanto tiempo, para ese instante, ni siquiera conseguía aletear con mis extremidades, solamente era un bulto tomando otro bulto mientras eramos arrastrados por las olas, pero, como dije antes, no todos los días alguien tiene la oportunidad de convertirse en el héroe real de otra persona, y ese día mi mejor amigo Isócrates Campos, fue el gran salvador del día, llegando con mucha agilidad hasta dónde nos encontrábamos, nadando con una técnica que era, sencillamente sorprendente. Precisamente lo que necesitaba, ahora sí, no existía manera en la que pudiera fallar, siempre y cuando mi mejor amigo estuviera allí ayudándome a empujar lo inamovible, dando un soplo de esperanza cuando la situación se creía perdida, los buenos amigos tienen ese don, esa magia de obligarte a creer en ti cuando te sientes vencido, eso fue para mí, ese gran hombre llamado Isócrates Campos, el mismo que ahora me ayudaba a llevar el cuerpo inconsciente de una hermosa mujer que ni siquiera conocíamos, pero que el simple hecho de ser artífice de mi felicidad, sólo por eso, se convertía en una persona también importante para mi mejor amigo. Al llegar a la orilla, caí totalmente exhausto sobre la ardiente arena, me costaba mucho trabajo mover mis brazos y piernas. Isócrates practicaba primeros auxilios sobre el pecho de esa hermosa damisela completamente desmayada hasta que esta por fin reaccionó, muchas personas curiosas comenzaron a rodearnos progresivamente, sólo movidos por la curiosidad de saber que era lo que sucedía, pero ninguno con la intención clara de brindarnos su apoyo, a mí, muy en lo personal, sólo me importaba la salud de esa preciosa chica al mismo tiempo que pedía a Dios que por favor me recordara cuando al fin lograra abrir los ojos. Muy grande fue mi sorpresa, cuando al reaccionar esa hermosa mujer, su primera acción fue preguntar por mí, nunca antes en mi vida sentí tanta felicidad por algo, era un momento único, la cura milagrosa para todos mis dolores, su dulce voz preguntando por el hombre que la había salvado valientemente. - ¡hola! , ¡fuí yo, no podía permitir que ese patán te faltara el respeto! . - dije tímidamente dando algunos pasos para acercarme a esa hermosa mujer sentada en la arena de la playa. - ¿puedo saber el nombre de mi salvador? . - preguntó ella de manera muy coqueta secando su cabello al exprimirlo utilizando sus manos. - ¡Aramis! , eeeeeh . . . ¡si, soy Aramis Chapman! , y no . . . no tranquila, no fue la gran cosa, ¡no es que esté diciendo que salvarla fue la gran cosa, yo solo quise decir que , no fue la acción, lo que hice yo, no fue la gran cosa . . . yo no soy la gran cosa, usted si, si es la gran cosa, a excepción de mí . . . - decía y decía, no podía parar de hablar, lo peor de todo, era que con cada palabra , solo conseguía meter más y más la pata. Los nervios me habían traicionado de una manera vil. - ¡Aramis . . . cierra el pico chico! , ¡oye chamaca, mi amigo aquí presente, no hace nada más que hablar de ti. Día y noche, realmente es un tormento escucharlo parlotear por horas, sobre lo linda que eres, bla , bla, bla. Él lo que único que quisiera al menos saber, si se puede claro, el respeto ante to' , él quisiera saber su nombre. - dijo Isócrates sacándome heroicamente de el enorme papel de idiota que estaba haciendo. - ¡si claro! , ¿porque no? , ¡mucho gusto Aramis, mi nombre es Virginia! . - pronunció esa hermosa mujer con una voz angelical creada por los mismísimos ángeles. Había visto los impresionantes amaneceres antillanos en todo su esplendor iluminar valles y campos enteros con un brillo celestial mientras las brisas marinas acarician las montañas con su etenor furor incesante, había visto lo hermoso de la música curando corazones corrompidos por el odio y el rencor acumulado durante generaciones, incluso tuve la suerte de ver la hermosura hecha sentimiento luego de ver a mi madre levantarse completamente recuperada de una horrible enfermedad que muchos dijeron que no superaría. Pero les puedo asegurar que toda esa belleza combinada, fue poco, se quedó realmente corta, en comparación con la deslumbrante belleza que poseía Virginia, allí, tan sencillamente sentada en una playa cualquiera, era toda una obra de arte encarnada en una persona. ¿como diablos iba a poder, un simple mortal cómo yo, resistirse tanto magnetismo? , ¿que podía hacer para evitar caer perdido en esos ojos negros que me atrapaban definitivamente, y me llevaban a un mundo de cuentos de hadas?. - ¡bueno chico, ya es hora de volver al trabajo, ve a secarte la ropa mientras yo creo una distracción para que no noten tu ausencia. - dijo mi gran amigo Isócrates levantándose como podía de la arena. - ¡gracias Isócrates, de verdad que eres una gran amigo . - dije observando con admiración a ese gran ser humano al que tenía la inmensa suerte de poder llamar "amigo". - ¡oye no te pongas romanticon conmigo chamaco, y mejor muese esa cola antes que los jefes comiencen a notar nuestra ausencia . - expresó Isócrates campos caminando rápidamente en dirección de nuestro puesto de trabajo dando pequeño brincos para evitar quemarse los pies, con la arena. - ¿podrías por favor, ayudarme a levantarme? . - preguntó la hermosa Virginia extendiendo su delicada mano hacía mí. - ¡si, si claro! . - dije tomando su mano extendida y ayudándole a levantarse. - ¡de verdad te agradezco mucho lo que hiciste por mí, Aramis, no se que hubiera sido de mí si no llegas a mi rescate . - dijo Virginia caminado a mi lado, hablando tan naturalmente como tanto lo había deseado. - ¡hice lo que tenía que hacer, lo que hubiera hecho cualquiera! . - respondí muy tímidamente mientras mis manos sudaban de manera impresionante. Pero aún así continuaba charlando y caminando junto a la hermosa Virginia. - ¡no Aramis, no cualquiera arriesga su propia vida por ayudar a otra persona, para eso se necesita una enorme valentía . - comentó Virginia provocando que mi corazón latiera mucho más rápido, algo que creía imposible. - ¿y . . . podría saber, cómo terminaste en esa situación tan complicada con ese extranjero? . - pregunté sonrojado esforzándome muchísimo para que salieran mis palabras. - ¡ese sujeto que me decía palabras qué, a pesar de no entender su significado, llamaron mucho mi atención, siempre he sentido gran fascinación por salir de esta isla, tal vez eso facilitó que cayera con el primer charlatán que me habló en otro idioma, pero cuando subimos en ese barco, lo que yo creía bonito, no lo era para nada. El caballero se transformó en bestia e intentó abusar de mí. Seguramente me confundió con una de las prostitutas de la isla. Respondió Virginia siendo muy sincera conmigo. - ¡no todos los extranjeros que vienen a esta isla, son buenas personas, algunos vienen con ínfulas de ser más importante que nosotros, debido a nuestra crisis económica, creen que pueden aprovecharse de cualquiera utilizando su dinero. - dije sin pensarlo, sólo dejando salir lo que sentía en mi corazón en ese momento. - ¡que bellas palabras Aramis! , ¿eres poeta o algo así?. Bueno, supongo que tienes razón, pero de igual manera no quiero pensar en eso en estos momentos. - expresó Virginia quien continuaba caminando junto a mí contorneando su magistral figura. - ¿y bueno . . . entonces, de que quieres hablar? ¡tengo mucho tiempo para hablar, antes de volver a mi trabajo! . - pregunté ingenuamente sin sospechar lo que venía. - ¡si . . . la verdad, me gustaría hacerte una pregunta! , ¿puedo Aramis? . - dijo Virginia deteniéndose frente a mí. - ¡oye, claro chica, todas las que quieras! . - respondí tratando de hacerme el fresco también deteniendome frente a era presiosa mujer. - ¿cuando tienes pensado decirme, que tú eres el fisgón, que me estaba espiando en el río? . - preguntó la hermosa Virginia, dejándome sin palabras.
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