CAPÍTULO 10
En este punto de este relato, ya les he contado de los mejores días de mi vida, de como salvé a la mujer de mis sueños y de como ella me salvó a mí de ser un simple mortal, transformándome en el ser más feliz de la tierra cuando decidió convertirse en mi señora esposa. Pero esta parte mi historia yo la llamo "tragedia" porque fueron una seguidilla de eventos totalmente lamentables, los cuales en ocasiones, aún suelo llorar por las noches cuando despierto luego de una pesadilla dónde volví a vivir todas esas cosas horribles que me pasaron, es simplemente absurdo como la ironía se roba el show en el espectáculo de la vida, en un segundo eres la plenamente feliz, tienes todo lo que deseas en este planeta, no te falta nada, y al otro te quieres morir porque no aguantas tanta tristeza, señoras y señores, esto es "Tragedia". ¡Empecemos!.
La mañana en que conocí el lado temible de los seres humanos así como también experimenté la tristeza absoluta, comenzó como cualquier otro de mi pasado, enteramente normal, el típico amanecer cálido y sinfónico con las cientos de aves cantando alegremente en el campo, como si le estuviera agradeciendo a Dios por la bendición de un nuevo día. Recuerdo que esa vez me costó muchísimo levantarme de la cama, puesto que había estado toda la noche disfrutando de las mieles de mi casamiento con mi ahora esposa, Virginia Agreste De Chapman, a penas si pude dormir una hora, pero ya era momento de irme al trabajo, no podía faltar porque había pedido un permiso el día anterior que de no haber sido por mi amigo Isócrates, jamás me hubieran dado. Mis ojos ardían debido al cansancio acumulado en ellos, nunca ante en mi vida me trasnoché, pero debo ser muy sinceros con ustedes, les juro que haber sabido todo lo que pasaría ese día, no me habría levantado bajo ninguna circunstancia.
Ese mañana podía sentir, cómo si la mandarria que utilizaba todos los días para romper las enormes rocas, hubiera aumentado siete veces su peso, pero no debía detenerme por nada de este mundo, además tenía al supervisor Ernesto Veliz respirando en mi nuca, esperando cualquier error, cualquier falla de mi parte para tener una excusa valida para lograr despedirme, la presión sobre mis hombros era realmente insoportable, pero pensar en mi amada esposa, en todas las cosas hermosas que pudimos vivir la noche anterior, me daban fuerzas y energías para continuar adelante, ya no existía forma de parar, ahora debía pensar en mi Virginia, puesto que necesitaba ayudarla económicamente durante los pocos meses que nos quedaban en la isla hasta que la balsa que estaba construyendo mi amigo Isócrates estuviera lista.
La niña Amelia salió de su casa muy temprano en la mañana, las personas que la vieron caminar rumbo a la escuela, dicen que llevaba una sonrisa muy extraña en su rostro, era cómo si ella estuviera feliz, pasó por la tienda que quedaba de camino al instituto público dónde estudiaba y allí le fiaron una caja de chocolates, la joven estudiante regresó raramente a su casa una vez más para luego salir nuevamente para retomar el camino a su colegio, era un trayecto un poco largo, por el cuál debía atravesar un campo ganadero, un pequeño puente sobre un río, y una zona montañosa dónde abundaba los árboles y plantas. Llegó a su salón de clases como era costumbre, ese día le tocó sentarse en el piso del aula puesto a que habían muy pocos pupitres en la escuela y estos no daban vasto para tantos niños, la profesora de secundaria impartía una clase acerca de cómo el comunimos supuestamente era mejor que el capitalismo, nombrando a un sujeto de nombre Karl Marx, al cuál alababan cómo si fuese un dios o una especie de líder divino. Amelia disfrutaba mucho de el calor de sus compañeros, algunos inclusos se encontraban extrañados, debido a qué, no la veían reír desde hace meses.
El soldado Joaquín Perez interrumpía la clase con su presencia, agente el cuál era un ilustre ídolo de la profesora puesto que ella afirmaba admirar cómo defendían la patria cubana, y llevaban a cabo los principios de una nación tan libre como soberana. Venía a llevarse a la joven Amelia Campos como ya lo había hecho con anterioridad en repetidas ocasiones con la vil excusa de que ella era voluntaria para ayudar en algunas tareas de la gloriosa brigada para la protección y resguardo del pueblo cubano, cosa que la profesora aplaudía ciegamente, dando a Amelia cualquier permiso que necesitara, a veces pienso que si esa docente hubiera sabido las cosas tan atroces que ese infeliz la hacía a la joven, de igual manera no habría hecho nada, gracias a qué su idolatría por el modelo político conocido como "Comunismo" es un método muy inteligente de convertir a las personas en esclavos felices y sonrientes que celebran su propia destrucción.
Amelia se levantó con una sonrisa en su rostro, sus ojos expresaban una tranquilidad impresionante, a pesar de que ella sabía lo que seguía, algo en su ser había cambiado, su expresiones faciales ya no eran las de una niña traumada, ya no transmitía esa vibra de desesperación. ¿se había resignado a qué nunca iba a poder escapar de las garras de su victimario Joaquín Perez? . tomó su mochila y se despidió de sus compañeros de clase. Al llegar al lugar en dónde habían ocurrido las últimas tres violaciones Amelia sólo se quedó esperando pacíficamente, ya no trataba ni siquiera de resistirse o luchar como lo había hecho antes. El sitio, era una parte del camino repleta de monte, antes al menos se molestaba en violarla sobre una cama, pero ahora la abusaba dónde le diera la gana, luego de unos minutos ya se encontraba realizando su atroz crimen cabalgando el maltratado cuerpo de Amelia, marcado con muchos golpes que Joaquín le había propinado en las ocasiones anteriores cuando esta oponía resistencia, la espalda de Amelia se rasgaba con las pierdas y tierra del suelo dónde este hombre la tenía acostada, pero sin siquiera eso parecía molestar a la serena Amelia.
Amelia Campos extendió su mano con mucho sigilo, cautelosamente y con muchísimo cuidado metió la mano en su mochila, la cuál, muy inteligentemente había dejado abierta , sacó el filoso cuchillo que tomó de su cocina la noche anterior, suspiró muy profundamente, cómo si estuviera reuniendo todo el valor existente en su ser, para luego clavar el arma punzo cortante en la espalada de su agresor. El infeliz sujeto se retorcía de dolor, lamentablemente Amelia no pudo retirar rápidamente el cuchillo para continuar haciendo daño y herir mortalmente a Joaquín Perez, el hombre tomó él mismo el arma incrustada en su espalda y la retiró de manera impresionante mientras se quejaba por el agudo dolor.
La pobre Amelia estaba paralizada del miedo, intentaba correr pero sus piernas la traicionaron por estar demasiado temblorosas cómo para huir.
- ¡ahora verás lo que es hacer daño maldita hija de perra! . - dijo Joaquín Perez desenfundado su arma de fuego y propinado un disparo certero en la frente de la joven Amelia provocándole la muerta de manera instantánea.
Luego de abandonar el c*****r como si se tratara de una vulgar bolsa de basura, el ejemplar soldado Joaquín Perez, héroe insigne de la revolución cubana y principal estandarte en la lucha por la protección del pueblo de la isla, regresó a su comandancia totalmente ensangrentado por una profunda herida en su espalda. Denunciando que se vió en la obligación de asesinar a la rebelde Amelia Campos, una niña vandálica que le hirió cobardemente por la retaguardia en un intento desesperado por robar su arma de reglamento, fue entonces que decidió disparar en contra de su voluntad en un acto de defensa propia, los colegas de el héroe nacional lo atendieron rápidamente, felicitándolo por su increíble valentía al mantener la gallardía frente a un ataque tan ruin y despiadado.
- ¡tranquilo compatriota, dejaremos que esa traidora a la patria se pudra en el ligar dónde está tirada, antes de ir a recogerla! . - dijo otro insigne y valiente defensor de la revolución cubana.
Las horas pasaron, mi mejor amigo Isócrates Campos y yo, regresábamos de una extenuante jornada laboral, él notó con mucha extrañeza que la puerta aún continuaba cerrada con el candado colocado del lado exterior, lo que significaba que Amelia no estaba en casa. ¿porque todavía no había regresado de la escuela? , ¿le habría pasado algo malo? . entramos rápidamente para confirmar qué, en efecto las casa se encontraba vacía, no hallamos nada sospechoso, solamente una carta sobre la mesa, junto a unos chocolates especiales debido a que eran los favoritos de Isócrates, sin perder ni un segundo tomó la carta y comenzó a leerla.
"Papá, si estás leyendo esto, es porque todo salió mal y no oude regresar a casa, seguramente mientras lees estas palabras, puedo estar presa, herida o incluso muerta. Si ese es el caso, sólo quiero decirte que eres el mejor padre del mundo. Y que si existen otras vidas después de esta, siempre voy a exigir que vuelvas a ser mi padre una y otra vez. También quiero decirte que nada de esto es tu culpa, el soldado Joaquín Perez me ha estado abusando sexualmente por meses, callando mi boca con amenazas de muerte en tu contra, espero que por favor entiendas que guarde silencio para protegerte papá, porque te amo, eres la única persona que tengo en el mundo y si algo llegara a pasarte, jamás me lo perdonaría. El cuerpo humano es una máquina asombrosa papá, es capaz de soportar las torturas más despiadadas y los daños psicológicos más severos. Pero llega un momento en el que decidimos a no soportar más dolor. ¿recuerdas esta mañana cuando te abracé muy fuerte y no lograste entender la razón?. Bueno, sólo quería despedirme en caso de que fuera la última vez que te veía. Te agradezco todas,absolutamente todas las cosas que hiciste por mí y que me enseñaste, fue una labor excelente. No tengo miedo papá, porque pasé lo que pasé conmigo, estaré feliz de qué al fin termine este dolor, espero que por favor me entiendas, y halles en mi valor la fortaleza para perdonarme algún día. Disfruta mucho estos chocolates, sé que son tus favoritos.".
Isócrates perdió la cabeza, se negaba a la idea de que algo malo le pudiera pasar a su pequeña, salió corriendo de su casa gritando el nombre de Amelia como loco, no me escuchaba, sin importar lo que le dijera, no se detuvo. Serían sus vecinos quienes le dirían dónde estaba su hija, pero nadie se atrevía a decirle lo que había pasado. Nunca antes lo ví tan alterado, era completamente comprensible su reacción, recuerdo que mientras corría detrás de él, sólo iba pidiéndole a Dios, orando porque se encontraba sana y salva. Finalmente llegaríamos al lugar dónde yacía Amelia, eran unos matorrales rodeados de decenas de curiosos que intentaba averiguar que había pasado. Jamás olvidaré ese momento cuando mi mejor amigo, el hombre con el corazón más puro que he conocido en mi vida, observó entre el monte, una sabana blanca manchada con sangre, la cuál cubría el c*****r de su única hija.
Lo peor de las desgracias es que jamás estamos preparados para ellas, suceden en el momento en el que menos las esperamos y generalmente terminan arrancando de nuestros brazos a las personas que más amamos, la joven Amelia Campos fue una niña inigualable, dedicada al hogar para ayudar a su padre mientras el trabajaba, quizás, es muy probable que tuviera un destino prodigioso en el mundo de las pasarelas cuando llegáramos a Estados Unidos, debido a su impresionante belleza natural, pero ya esas cosas jamás las podremos saber, es absurdo hablar de cosas que nunca pasaron. Pero esta solamente esa era la primera de mis tragedias, lo que estaba por venir, terminaría de destrozar mi espíritu.