— Por fin te encuentro — Sofía levantó la vista al escuchar la voz de su esposo que caminaba a paso lento hacia ella. Sonrió por inercia y dejó que su hombre se ubicara detrás de ella, que estaba de pie con las manos apoyadas en el enorme escritorio de madera y la vista clavada en unos contratos. El hombre envolvió los fuertes brazos en su cintura, dejando la barbilla apoyada en su delicado hombro. — Estaba leyendo estos papeles — explicó sin despegar los ojos del papel pero con la mente en la zona donde la parte baja de su marido se presionaba contra ella. — ¿Por qué de pie? — preguntó comenzando a besar el cuello de la dama con total delicadeza. — Ya estaba agotada de estar sentada y decidí cambiar de posición — explicó dejando caer su cabeza a un costado y otorgándole mejor acceso a
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