Antonio se da cuenta de sus intenciones, cuando sale del cuarto la sujeta y vuelve a llevarla a la cocina, sabe que no es nada bueno verla así de cabreada. Cuando Nicoletta se cabrea lo hace de verdad, y tiene muy mala leche. Entre sollozos, pero no más tranquila Nicoletta acepta esa infusión. Intenta calmarse y poco a poco la va bebiendo, pero las imágenes de Keyla tumbada sobre esa cama, su pelo corto, sus ojeras y su apariencia, la corroen por dentro. —¡Maldita rata! Te juro por mi vida que te voy a matar —grita enfurecida, soltando el vaso para golpear la mesa. Antonio se sobresalta, enseguida se pone en pie y la abraza una vez más. —Nicoletta, cálmate por favor. No quiero verte así. —Tú la has visto, ella es como mi hermana pequeña —reclama separándole de ella. Se

