Llegamos hasta la entrada de una gran mansión, Ivanov rebusca en el interior de su esmoquin, saca una tarjeta de invitación y se la da a uno de los dos hombres que custodian la entrada, de la fiesta a la que estamos invitados. —Adelante señor, les están esperando —responde el hombre, desenganchando el cordón rojo con una mano, mientras que con la otra extendida se echa a un lado, para que podamos entrar a la mansión. —Venga perrita mía —dice Ivanov, tirando de la cadena a la misma vez que va silbando. Avanzo muy despacio, no puedo gatear más rápido, me duelen las rodillas y las manos por tener que andar así, encima estoy completamente llena, puedo sentir que las bolas chocan la una con la otra. Apenas hemos llegado a la sala principal levanto la vista un poco, y enseguida comprendo

