Cuando el doctor sale por la puerta me recuesto en la cama. Para tranquilizarme pienso en los besos y caricias que me daba Yurik, recuerdo sus abrazos, y como me hacía el amor cada noche. Recuerdo la noche que salimos, a cenar a un restaurante tailandés, recuerdo que pidió unas ostras, me parecía tan sexy su forma de comerlas que mi cuerpo se iba encendiendo despacio, al pensar en cómo lamería mi sexo al llegar a casa. El mantel que colgaba de la mesa, me servía para poder ocultar lo que le hacía por debajo de ella. Aún recuerdo la dureza que adquirió su m*****o, cuando lo encerré entre mi mano. Entonces percibí esa gota de placer, dejé que mi dedo se mojara en ella, y comencé a jugar con mi dedo pulgar; dibujé pequeños círculos alrededor de su frenillo, hasta que hice que Yurik estallar

