Me despierto a media noche, no se oye ni el ruido de una mosca en toda la casa. Me levanto y veo que la pobre Nicoletta está dormida al lado de mi cama en un sillón: creo que no es muy cómodo, y por la forma en la que tiene colocados sus brazos, sé que tiene frío. Observo la colcha que hay en mi cama, intento no hacer mucho ruido, la cojo y se la coloco por encima con mucho cuidado; pero el contacto del raso en su piel hace que se despierte. —Keyla. ¿Qué haces despierta?, tienes que descansar —afirma, rascándose los ojos con los puños mientras enfoca su mirada sobre mí adormilada. Sin saber que decir para librarme de la vigilancia, un poco dudosa respondo intentando justificarme: —No puedo… No tengo sueño… Tú duerme. Si quieres puedes echarte en la cama. Para mi mala suerte, ell

