Finalmente, Harry había logrado tumbar la puerta y la sonrisa que apareció en su rostro hacía mucho tiempo que no aparecía. Una sonrisa maniática, cargada de maldad, deseosa y lista para causar todo el daño que pudiera. Porque era eso lo que más le gustaba a él: causar destrozos, hacer sufrir a las personas y vivir con ello era una de las cosas más fascinantes que existían. Lanzó el gran tronco hacia un lado y limpió sus manos antes de lanzarles una mirada llena de malicia a sus amigos. Estiró el brazo, señalando el interior de la casa. —Caballeros. —los invitó a pasar y rodó los ojos, de muy buen humor, cuando Zach pasó por su lado ignorándolo por completo. Zach entró en la sala oscura, esperando a que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad para poder observar mejor. Todo estaba en s

