Thomas — Vaya volvió el rey de Roma - la voz sarcástica de Aarón llegó a mis oídos. — Tenía que ir a trabajar - mis ojos fueron al sillón - ¿Ceno? - lo mire. — ¿Te preocupa? - su pecho se movió en un sollozo. — Claro que me preocupa, es mi mujer, la quiero - rodó los ojos - La llevaré a la cama y dirás todo lo que quieras decir - cruzó los brazos. — Claro que me escucharas. La levanté con cuidado, su cuerpo se hizo un pequeño ovillo, no me toco, solo apoyó la cabeza en mi pecho mientras sollozos seguían saliendo de su pecho, era como ver a un niño pequeño después de un llanto desconsolado. Mi corazón se comprimió con ello, tenerla así, verla así, que ella llorara, saber que seguramente yo era el causante de ello, tener en claro que estos días habían estado un poco tensos e

