**Capítulo 2 – Dormitorio** Después de un vuelo de doce horas, por fin puse un pie en Atenas. Mi padre había contratado a un acompañante privado para llevar todo mi equipaje y a mí hasta el dormitorio de la universidad. Salí de la terminal y me recibió un hombre sonriente que me reconoció al instante. Supongo que mi padre le había enviado una foto. —Señorita LaRue, qué agradable volver a verla —dijo. —Lo siento, ¿la conozco? —pregunté. —Soy Kosta. Fui el acompañante de su familia cuando vacacionaron aquí hace dos años y los llevé a Santorini —me contó. —Claro, ahora lo recuerdo. Se detuvo a comprarnos los souvlakia cuando yo tenía hambre —lo recordé. Era más que un acompañante; era un lobo y estaba construido como una casa. —Tengo todo su equipaje en el carrito, ¿vamos? —señaló el ca

