Gimo mientras lo trago. El dulce sabor del semen de mi hermano. Saco las manos de detrás de la espalda y me limpio el semen de la cara y me lamo los dedos. Parece asombrado. —Quiero que me pongas el pene duro de nuevo sin tocarla —me dice con voz ronca. Gimo mientras me levanto y vuelvo a subirme a la cama. Quería tanto tener su pene dentro de mí otra vez. Me recuesto de espaldas en su cama doble, con mi entrepierna hacia él. Paso mis dedos por mi coño y empiezo a trabajar mis pliegues resbaladizos con ellos. Él gime. Miro su pene. Aún no hay dureza visible. Luego me muevo hacia mi clítoris y comienzo a acariciarlo. No puedo creer que mi hermano me esté viendo hacer esto. Levanto mi otra mano para apretar y masajear mis tetas. Él gime de nuevo. Puedo ver su pene levantarse un poco. S

