Mónica gimoteó y se revolvió bajo su cuerpo, peinando la melena oscura y corta de Zac, enredando sus dedos con cada beso y lamida que él le estaba regalando a su esférica carne. Zac besó y lamió, probando el regusto dulce del seno bañado en su propio néctar. Su m*****o palpitó con más urgencia, pidiendo perforar el coñito caliente y dulce que adivinaba expectante bajo su peso. Lamió la areola, mordisqueó el pecho, dejando de último el pezón, desesperando a Mónica, hasta que él también se impacientó al oler el aroma de su leche, al probar una gota que resbaló por su piel hasta alcanzar su boca y paladeó su esencia que tenía un regusto a almendras. No pudo más, se metió el pezón, lamió y succionó la teta con deleite. Gruñó encantado cuando el primer chorro de maná entró en su paladar. Pe

