Se dijo que no, que eran imaginaciones suyas, que todo estaba en su cabeza, puesto que la ropa de Mónica le seguía entrando, pera a que las camisas revelaban más escote, y ciertos vestidos parecían ocultar menos sus curvas. No, Dan solo vio aquello con asco. Y dejó de desearla. Verla desnuda, ver sus senos dos tallas más grandes, observarlos pesados y un poco caídos le disgustaba al punto de no desear tocarla. Para colmo, su aroma se volvió más dulce, y de su centro manaba demasiado calor. No podía con ella, no se sentía atraído por la nueva faceta de su esposa, en especial porque estaba demasiado sensible, no solo en carácter, sino también su cuerpo. Comenzó a huir de su lado, a buscar otros cuerpos más jóvenes y recatados. Quería encontrar lo que perdió por buscar esa ilusión de la fa

