Tenía la cara, el cuello, los pectorales y parte del abdomen cubiertos con su esencia dulce, con su aroma que me perturbó por completo, que me hizo perder la razón. Estaba rodeado de ella, de mi dulce Julieta, de su ser. La miré, miré su cuerpo desmadejado sobre la cama. Su cabello desordenado, fuera del moño, rodeando su cabeza que descansaba ladeada sobre la almohada que en algún momento alcanzó. Su boca entreabierta por donde respiraba, sus párpados cerrados, sus pestañas largas y rizadas sobre sus pómulos altos y sonrojados, su nariz tintada, sus labios mullidos y rojos, su cuello esbelto, sus pechos hinchados, uno más que el otro, una ligera capa de sudor cubriendo su cuerpo, su sexo mojado, con las bragas a medio poner, con el sostén alzando más sus pechos, juntándolos al máximo. ¡

