Se acerca más a mí, me rodea con sus brazos y pone su barbilla sobre mi hombro. —No quiero hacerte daño —dice en voz baja. —No lo harás. No lo harás —digo. Paso mis dedos arriba y abajo por sus antebrazos. Se aparta y me da la vuelta para que lo mire de nuevo. Me besa suavemente. Yo le devuelvo el beso. Poco a poco se vuelve más apasionado. Respondo con entusiasmo. Mientras me besa, me levanta en sus brazos y comienza a caminar hacia los dormitorios. Se detiene antes de llegar allí. Veo lo que está pensando. No quiere dormir conmigo en la cama que compartía con mi madre. —¿Dormitorio de invitados?—, pregunto. —¿No es tu habitación?—, pregunta. —En cierta manera perdí mi virginidad en esa habitación —digo tímidamente. —Eres una sinvergüenza —dice riéndose. Yo también me río. Lue

