Entró a la clínica y con rapidez se acercó a la señorita de recepción avisándole quién era y la cita que tenía en cuestión de minutos. ―Por supuesto, señorita Hans. El doctor Moran la está esperando ―apuntó la gentil enfermera que procedió a darle indicaciones para llegar al consultorio donde la atenderían. Con un breve agradecimiento, dejó la recepción y procedió a internarse por el pasillo de la derecha, llegando hasta el último consultorio. Inspiró hondo y llamó a la puerta con los nudillos, tocando dos veces. ―Adelante ―respondió una voz varonil, grave, profunda, una voz que hizo que su centro se estremeciera y que tuviera que morderse el labio inferior para no gemir. Se sacudió. Estaba demasiado excitada. Solo esperaba que el doctor Moran fuera un hombre mayor, con el cabello ent

