La tenía, Rose se convertiría en mi mami y ambos disfrutaríamos de aquel perverso juego en el que ella aceptaba complacerme de formas que nadie nunca podría hacer y luego… luego solo podría ser mía y solo mía. —No sé si… ―dudó por un minuto, inquieta. Se mordió el labio y miró hacia otro lado. Sus dedos se revolvieron sobre su regazo y su respiración truculenta agitó sus exquisitos pechos. ―No te voy a obligar a nada, mami, sabes que quiero que estés cómoda y que… ―Lo quiero hacer ―cortó y sus ojos se fueron a los míos, brillosos, pequeños porque no abrió bien los párpados. … Su nerviosismo fue tangible, así como su excitación. Desde la toma de comprimidos que encontré en línea, los pechos se le llenaron por completo, los tenía hermosos, alzados, como dos globos de carne que me hacía

