—Era difícil conmigo en medio, con mis abuelos tratando de ayudarlo, ni siquiera pudo independizarse con el tiempo, después de que crecí tuvo que cuidarlos a ellos y… Dejó salir el aire que retenía dentro de los pulmones y me miró con intensidad. ―Entiendes por qué quiero que te tenga ―indicó observándome con gravedad. Tragué con dificultad, pero no pude agregar nada más, ¿cómo hacerlo si se acababa de abrir como pocas veces lo hacía porque no le gustaba hablar de su madre? Le dolía, era un dolor físico que, cada vez que me lo mostró, tuve que contenerlo abrazándolo hasta que se sosegaba y su mente dejaba de ser un caos. ―Le dije que estabas sola, que quería que te llegara a cuidar ―dijo, obviando mi notable reticencia, el reclamo que quedó en mis labios entreabiertos―. Él cree que lle

