SEIK Tras las patrullas matutinas, los guerreros y algunos novatos nos dirigimos al comedor. En el camino, nos topamos con un grupo de hembras enfrascadas en una discusión y al prestar atención, alcancé a oír cómo Elisabeth llamaba “poca cosa” con aire despectivo a Aria. Ella ni se inmutó ante el insulto, lo cual me hace pensar que está acostumbrada a ese trato. Cuando terminamos de comer, Elisabeth me llama con una voz melosa, cargada de intención. Los machos, al verla acercarse, se retiran, dejándonos a solas. —Seik, hola. Me detengo y la miro serio, sin ganas de entretenerme en una conversación con ella. —Hola, Eli —respondo. Ella no capta la falta de entusiasmo. Se acerca demasiado e invade mi espacio personal posando su mano sobre mi brazo. Su mirada se pasea deliberadamente

