Aria Unos murmullos y risas me despiertan. Entreabro los ojos y veo a Meliá y Marcus observándome desde una esquina del dormitorio. Sus sonrisas traviesas delatan que traman algo pero en cuanto me incorporo, Melia cambia el gesto y anuncia con solemnidad: —Hoy es el día. Vamos a desayunar con Marcus y después empezamos a arreglarnos. Marcus la mira, confundido. —¿Qué? Pero si apenas son las nueve de la mañana y la ceremonia es a las siete de la tarde. —Aria, tenemos mucho que hacer —replica Melia, tajante. —¿No estás siendo un poco dramática? —pregunto, todavía medio dormida. Ella bufa, cruza los brazos y da una palmada. —¡Manos a la obra! No hay manera de contradecirla, así que me dejo arrastrar. En la peluquería, una loba extrovertida llamada Eva nos recibe con una sonrisa cá

