Mi cabeza dolía como los mil demonios, apenas podía abrir los ojos y tenía un gusto amargo en la boca, me removí un poco y el dolor de mi brazo me hizo quejarme. Mis ojos se abrieron despacio, mis sentidos estaban completamente alertas, el olor a desinfectante se impregno en mis fosas nasales. - Está despertando – la voz de Sam llega a mis oídos y me relajo. - Menos mal – Mateo se acerca – Nos diste un susto tigre – junto mis cejas y observo todo. Estoy en la habitación de un hospital, en mi brazo se encuentra inyectado un suero, no tengo idea de que hago acá, ni siquiera como llegue, solo tengo la charla con Luna en mi cabeza, como hable con ella, todo lo que le dije, su silencio, el dolor. Comencé a llorar de nuevo, Sam abrió sus ojos y Mateo hizo lo mismo, mi prima

