Los días se convertían en semanas, las semanas en meses, el invierno se marchaba para darle paso al verano, el hielo de las calles comenzaba a descongelarse, los días duraban más y todo parecía encaminarse. Mi cumpleaños y el de Sam llego, desde que tuvimos trece años, decidimos festejarlos por separado, no porque no quisiéramos hacer algo juntos, nos encantaba estar en los eventos del otro, pero nuestros gustos fueron cambiando, los amigos no eran los mismos. Sam se negaba a pasar más de unas horas con los imbéciles de mis amigos que podían arruinar su cumpleaños y yo me negaba a tolerar mujeres gritonas más de la cuenta, por lo que, todo termino en cumpleaños separados, siempre nos turnábamos el día del festejo, en ocasiones nos tocaba el mismo día, en otras la noche anterior o el día d

