El living nos recibía con su piso de madera, el sillón grande frente al televisor de cincuenta pulgadas, mi consola de video descansaba en la parte de abajo junto con una hilera de juegos, los tenía para jugar con mis hermanos, con mi primo Aaron que se quejaba, pero aun así le encantaba patear traseros cuando la situación lo ameritaba, Oliver era igual. Todo acá era minimalista, la decoración era la justa, algunos pocos adornos, solo lo necesario para funcionar como corresponde. Del otro lado el comedor, una enorme mesa con varias sillas estaba destinada para la familia, cada uno de ellos podía entran, aunque si venían todos juntos tendríamos que usar el quincho del patio trasero, ese estaba destinado para al menos unas cincuenta personas, justo para juntar nuestros amigos y la familia.

