CAPÍTULO VEINTICINCO Aunque Mackenzie nunca había sufrido un ataque de pánico, pensaba que esto se le debía parecer mucho. Cuando Ellington y ella regresaron a comisaría, se fue derechita al cuarto de baño. Escuchó cómo le llamaba Ellington mientras entraban al edificio, pero le ignoró. En el cuarto de baño, se encerró en un cubículo y tomó una serie de respiraciones largas y temblorosas. Intentó centrar sus pensamientos, para evitar caer en la desesperación. Solo es una corazonada, se dijo a sí misma. No lo sabes con certeza. Eso era cierto, pero tenía que averiguarlo antes de presionar demasiado a Ellington. Entretanto, quizás hasta tenía que disculparse con él. Cuando le pareció que se había recompuesto, se miró en el espejo. Tenía aspecto de cansada y de derrotada, con la clase de

