CAPÍTULO VEINTIOCHO Para cuando regresaron a la unidad, la policía de Seattle ya estaba persiguiendo la camioneta negra Ford. Esta vez, Mackenzie se saltó la oficina principal y el aparcamiento, yendo derecha al pasillo pavimentado que había entre las unidades. Miró por el espejo retrovisor y vio a Roy, que salía a todo correr de la oficina detrás de ellos. Mackenzie aparcó el coche a mitad de camino del sendero y se bajó del coche. Ellington se unió a ella, sacando el llavero que le había dado Roy antes. Mackenzie se preguntó si esa era l fuente de su irritación, que habían salido a toda prisa de su propiedad con sus llaves de repuesto. “¿Qué diablos ha pasado?”, preguntó Roy al alcanzarles. Tenía el rostro enrojecidos de ira y de preocupación. Parte de Mackenzie casi esperaba que dije

