—¡Camille!¡Camille, ¿nena?! Oigo la voz de Dante un poco apagada pero sé que es él. No me cuesta reconocerlo. Lo haría sin dudar, todo el tiempo y bajo cualquier circunstancia. Incluso ahora que me duele un codo. —¡¿Batman...?! —¡Oh,Dios! —se pone de rodillas a mi lado y me ayuda a sentarme —. Estás viva. Estás viva. ¿Qué hacías en moto y sin casco, joder? Siento las sirenas de ambulancias a nuestro alrededor y no dudo que estén llegando. Entonces recuerdo al conductor y cuando le voy a buscar con la mirada veo que le están levantando en una camilla. Los paramédicos ya están aquí. —No me riñas. Estoy enfadada contigo. —Ven aquí —me toma en brazos y veo que tengo algo enredado en el cuello —te llevaremos en coche. Tu ambulancia tarda. Un paramédico le regaña avisando que para evitar

