—¿Cómo qué nos vamos a Tailandia? —preguntó la joven sorprendida. Anastasia jamás en su vida había viajado y si su padre no la hubiese echado de casa con seguridad solamente conocería la calle que podía verse desde su balcón. —Te explicaré luego, ahora tenemos que llegar a la reunión en el departamento de producción y calidad. —Entiendo que la reunión te apremia, pero si tu intención es que te acompañe. Eso no podrá ser —dijo con seriedad. —¿Por qué? Anastasia respiró profundo antes de responder, después de todo ser pobre, no era un crimen. —No tengo pasaporte y menos visa para viajar fuera del país. —Eso no será ningún impedimento, no hay nada que el dinero no pueda comprar. Anastasia tembló ante su declaración, por supuesto que no había nada que el dinero no pudiera comprar. Pod

