POV Luisa María Gutiérrez. Cuando salimos del consultorio, yo todavía sentía las piernas como si fueran de otro cuerpo. José Joaquín iba a mi lado, caminando rápido, como si necesitara confirmar que yo seguía allí, que no me había desmayado, o que el doctor no iba a salir corriendo detrás de nosotros a decirnos que se había equivocado. Lo vi abrir la puerta del carro. Tenía la mano temblando. Sí. Él. El hombre siempre firme, siempre seguro, siempre “yo controlo todo”. Estaba hecho un lío, al punto de que su mano temblaba. —Sube, amor —me dijo en un susurro. No me llamó Luisa. No me llamó princesa. No me llamó mi vida. Me dijo amor. Así, desnudo. Así, con el alma abierta. Me subí despacio. Cuando cerró mi puerta, él rodeó el carro y se quedó unos segundos afuera, respirando fuerte, co

