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1772 Palabras

Habían pasado unos días desde que el hombre que caminaba furioso golpeando un cubo de basura al pasar, había salido de la cárcel. Desde su liberación, iba cada día a casa de su única hija, la cuál vivía con su abuela, pero, salvo la primera vez, no pudo llamar a la puerta por una segunda ocasión. Cada vez que iba, fuera de día o de noche, un coche patrulla o policías de incógnito vigilaban esa casa, aparcados justo enfrente. Cada vez que el hombre intentaba acercarse le obligaban a irse. No escuchaba sus súplicas para poder ver a su hija, no atendían a sus ruegos ni a su rabia cuando veía que no le dejarían avanzar un paso más. Seguía caminando entre callejones, para no ser visto. Vestía harapos y llevaba días sin asearse, pues dormía entre cartones. Frente a él, como si fuera un mensajer

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