NOVE Intenté volver a tener el control de mi cuerpo pero mis brazos y mis piernas parecían no acatar la orden de mi cerebro. El Mimo camino lentamente hasta estar al lado de la cama de mis abuelos, sus labios se estiraron en una sonrisa mostrándome sus dientes amarillentos y reposó el hacha sobre su hombro. Hijo de puta. Grité sintiendo mi garganta raspar del esfuerzo pero no emití sonido. Él alzó una mano y la movió de un lado a otro; saludándome, su guante amarillento, estaba burlándose de mí, quise lanzarme hacia él e intentar golpearlo, pero no podía moverme, estaba presa en mi propio cuerpo. De repente alzó el hacha agarrando el mango con sus dos manos, soltó un fuerte gruñido cuando estrelló el filo contra la cabeza de mi abuela, ocasionando que el cráneo explotara y la sangre sal

